RECORRIDO
En este recorrido de hoy , desde el ondulante curso del río Baias. alcanzamos Altube adentrándonos en el espeso y majestuoso bosque de hayas y robles que desemboca en Izarra, el mayor bosque autóctono del País Vasco.
HITOS
Km 0, PARKETXE. Junto al río Baias se sitúa el Parketxe de Sarría al que se accede por el camino contiguo al curso del río, entre puentes de piedra y bosques en galería. Habilitado como un área recreativa, cuenta con un edificio central que funciona como sala de exposiciones, centro de información y sede del guarderío del parque.
Km 4,9 ALTUBE. Desde el Parketxe parte una pista forestal que enlaza con la A-624 y los caseríos de Altube. El bosque que atravesamos donde braman los ciervos, constituye la mayor masa forestal autóctona del País Vasco. Salpicado de megalitos, esconde espectaculares cascadas y alguno de los más imponentes árboles singulares que se conocen.
Km 14,3 IZARRA. Accedemos al casco histórico de Izarra por el camino que llega al parque de Ostuno. Además de descansar y reponer fuerzas, en Izarra podremos contemplar la población.
Parque natural del Gorbea
El Parque Natural de Gorbea es un espacio protegido que se encuentra situado entre las provincias de Álava y Vizcayaen el País Vasco (España), siendo el mayor Parque natural del País Vasco con una superficie de más de 20.000 hectáreas. Abarca los municipios de Villaro, Artea, Orozco, Ceánuri y Ceberio en Vizcaya, y Cigoitia, Zuia y Urcabustaiz en Álava. El Parque Natural de Gorbea junto con el cercano Parque Natural de Urkiola forman una unidad medioambiental importante.
Fue declarado Parque Natural mediante Decreto del Gobierno Vasco el 21 de junio de 1994, con la finalidad de proteger su patrimonio natural, favorecer el desarrollo rural y fomentar su conocimiento y disfrute.
Toma su nombre de su cumbre más alta, el Gorbea (Gorbeia o Gorbeiagane en euskera), de 1.481 metros de altitud. Otras cimas de interés son la Peña Aldamin de 1.373 metros y las Peñas de Itxina.1
miércoles, 14 de mayo de 2014
martes, 6 de mayo de 2014
SALIDA DIA 16 - 04 - 2014 : UBIDEA , OKETA
Itinerario , inicio
La ascensión parte desde Ubidea, un coqueto pueblo situado en la frontera entre Álava y Vizcaya. Para llegar hasta allí desde Vitoria, tomaremos la N-240 dirección Bilbao.
Una vez allí buscaremos el frontón del pueblo, desde detrás de él, al otro lado del río, parte una pista encementada, ese es nuestro camino inicial.
Descripción
La pista encementada sube hasta las inmediaciones de un caserío situado en un pequeño alto. Allí acaba y pasa a convertirse en un camino forestal. A partir de aquí entraremos en un bosque de coníferas.
(50') Cruzaremos un pequeño arroyo para hacer una curva hacia izquierdas de 180º. El camino prosigue y en el siguiente cruce deberemos tomar el camino de la derecha.
(1h 10') Llegaremos a la base del Siskina. En este punto nos desviaremos del camino que llevábamos para hacer una visita al Harrikurutze. Para ello debemos internarnos en un bosque de hayas en dirección norte.
El camino hacia Harrikurutze no está señalizado ni pisado, deberemos avanzar por intuición hacia la parte alta de la cresta. La cima está situada en un pequeño promontorio rocoso pero no está señalizada de ninguna forma, no es fácil dar con ella sin GPS o mapas detallados de la zona. Antes de llegar a ella hay un par de cuevas excavadas en la roca caliza, también bastante complicadas de encontrar.
Una vez hayamos regresado al punto donde nos desviamos, subiremos al Siskina, situado muy cerquita, apenas a 100 metros de distancia (1h 45'). Un pequeño buzón marca la cumbre.
Descenderemos por la ladera oeste hasta un pequeña borda donde veremos un cruce de caminos. Aquí debemos seguir dirección oeste otros 400 metros. En ese momento veremos que hay dos caminos, los dos suben al Oketa. Nosotros lo que haremos será ascender por el de la izquierda y bajar por el de la derecha.
El camino de la izquierda va rodeando el Oketa para acabar uniéndose con el que llega desde Etxaguen. En ese punto saldremos a zona despejada de árboles e iremos remontando la pendiente poco a poco hasta llegar a la poblada cima del Oketa (2h 30'). En la cumbre hay un buzón, un vértice geodésico, una placa conmemorativa y un enorme mojón de rocas.
Este monte es un estupendo mirador de la zona. Al sureste tenemos unas vistas magníficas de los embalses de Vitoria, al este la sierra de Elgea y más allá de Aizkorri, al noreste Urkiola y al noroeste los picos Gorbea, Aldamin y Lekanda.
Para el regreso descederemos por la otra ladera siguiendo unos cuantos mojones que nos acabarán sacando a la pista inicial.
La ascensión parte desde Ubidea, un coqueto pueblo situado en la frontera entre Álava y Vizcaya. Para llegar hasta allí desde Vitoria, tomaremos la N-240 dirección Bilbao.
Una vez allí buscaremos el frontón del pueblo, desde detrás de él, al otro lado del río, parte una pista encementada, ese es nuestro camino inicial.
Descripción
La pista encementada sube hasta las inmediaciones de un caserío situado en un pequeño alto. Allí acaba y pasa a convertirse en un camino forestal. A partir de aquí entraremos en un bosque de coníferas.
(50') Cruzaremos un pequeño arroyo para hacer una curva hacia izquierdas de 180º. El camino prosigue y en el siguiente cruce deberemos tomar el camino de la derecha.
(1h 10') Llegaremos a la base del Siskina. En este punto nos desviaremos del camino que llevábamos para hacer una visita al Harrikurutze. Para ello debemos internarnos en un bosque de hayas en dirección norte.
El camino hacia Harrikurutze no está señalizado ni pisado, deberemos avanzar por intuición hacia la parte alta de la cresta. La cima está situada en un pequeño promontorio rocoso pero no está señalizada de ninguna forma, no es fácil dar con ella sin GPS o mapas detallados de la zona. Antes de llegar a ella hay un par de cuevas excavadas en la roca caliza, también bastante complicadas de encontrar.
Una vez hayamos regresado al punto donde nos desviamos, subiremos al Siskina, situado muy cerquita, apenas a 100 metros de distancia (1h 45'). Un pequeño buzón marca la cumbre.
Descenderemos por la ladera oeste hasta un pequeña borda donde veremos un cruce de caminos. Aquí debemos seguir dirección oeste otros 400 metros. En ese momento veremos que hay dos caminos, los dos suben al Oketa. Nosotros lo que haremos será ascender por el de la izquierda y bajar por el de la derecha.
El camino de la izquierda va rodeando el Oketa para acabar uniéndose con el que llega desde Etxaguen. En ese punto saldremos a zona despejada de árboles e iremos remontando la pendiente poco a poco hasta llegar a la poblada cima del Oketa (2h 30'). En la cumbre hay un buzón, un vértice geodésico, una placa conmemorativa y un enorme mojón de rocas.
Este monte es un estupendo mirador de la zona. Al sureste tenemos unas vistas magníficas de los embalses de Vitoria, al este la sierra de Elgea y más allá de Aizkorri, al noreste Urkiola y al noroeste los picos Gorbea, Aldamin y Lekanda.
Para el regreso descederemos por la otra ladera siguiendo unos cuantos mojones que nos acabarán sacando a la pista inicial.
jueves, 17 de abril de 2014
SALIDA DIA 09 - 04 - 2014 : HUETO ARRIBA - UNDAGANA
EL BASILISCO DE URRIALDO
En Martioda de Araba existe un barrio llamado Urrialdo que hace muchos años estaba muy poblado, tenía numerosas casas y era un lugar próspero y rico. Un día, sin embargo, ocurrió algo que angustió y acabó con la alegría de los habitantes de Urrialdo. Una serpiente robó un huevo de gallina y lo empolló. Llegado el momento, el huevo se rompió, y de él salió un basilisco. Tenía el tamaño de un gato, su cabeza parecía la de un gallo con dientes, su cuerpo era de serpiente, tenía unas alas llenas de espinas y su cola era larga y puntiaguda como una lanza.
El basilisco es el animal más terrible que existe, y sus armas son sus ojos y sus dientes. La mirada del basilisco es mortal, hace que las plantas se marquiten, que los árboles se sequen y que los pájaros caigan el pleno vuelo. La única planta capaz de resistir su mirada es la "hierba de gracia" (boskoitza), que cura las heridas causadas por los dientes de basilisco. Y sólo hay dos animales capaces de vencerlo: el gallo y la comadreja. El horrible animal muere al oír el canto de un gallo o cuando una comadreja le da un mordisco. Pero los habitantes de Urrialdo no lo sabían.
El basilisco aparecío un buen día en el pozo, sentado encima de un tronco que flotaba en el agua. Las primeras en verlo fueron dos mujeres que se acercaron a lavar la ropa.
-¿Qué es eso que hay en medio del agua?- pregunto una.
-Pues..., no sé... Yo diría que es un gallo...- respondió la otra.
-¿Un gallo en medio del agua?¿Dónde se ha visto algo igual?
En eso, el basilisco clavó su mirada en ellas, y dos segundos más tarde estaban muertas. El monstruo desaparecío.
Nadie podía explicar aquellas muertes, y el temor empezó a apoderarse de los habitantes de Urrialdo cuando, al día siguiente, apareció un hombre muerto, y luego otro, y otro...
Todas las muertes tenían lugar cerca del pozo, pero nadie había visto nada raro, así que decidieron mandar a un mozo para que vigilase. Aún no había amanecido y el joven se subió a un árbol y esperó, oculto entre las ramas.
Cerca del mediodía, vio un carruaje que se acercaba por el camino del pozo. Los viajeros contemplaban el paisaje y hacían comentarios sobre las casas. En eso, se fijaron en el lago y al instante, emergiendo entre las aguas, apareció el basilisco. Su mirada se clavó en el carruaje y, antes de que el mozo que estaba en el árbol pudiera darse cuenta de lo que ocurría, el vehúculo y sus ocupantes desaparecieron. Martín se quedó con la boca abierta por el asombro, se frotó los ojos creyendo que estaba soñando, miró de nuevo al lago..., pero el basilisco había desaparecido.
Al enterarse de lo ocurrido, todos los habitantes de Urrialdo comenzaron a temblar de miedo. No sabían cómo luchar contra un ser tan poderoso y decidieron marcharse del pueblo, porque lo más importante era seguir vivos. Sólo unos pocos se atrevieron a quedarse allí.
Pero el tiempo pasaba, las casas abandonadas iban cayéndose de viejas y los que habían decidido quedarse eran cada día más pobres, porque tenían miedo a salir u encontrarse con el basilisco, y tampoco se atrevían a utilizar el agua del pozo. Los animaes andaban sueltos, tratando de encontrar comida porque sus dueños ya no se ocupaban de ellos. Cuando se acercaban al pozo para beber, aparecía el basilisco y los mataba con la mirada.
Un día, un viejo gallo al que casi ya no le quedaban plumas, se acercó al pozo. El basilisco aparecío y se lo quedó mirando, pero su mirada nada podía contra el viejo gallo, que también los miró, y así estuvieron durante un buen rato. Creyendo el gallo que aquel otro había ido a quitarle el puesto de jefe en el gallinero, cogió aire, hinchó el pecho y cantó tan fuerte como cuando era joven.
El basilisco se convirtió en estatua de piedra, se rompió en varior cachos y se huníó en el agua.
Nunca más se ha visto un basilisco en la región, pero los habitantes que se habían marchado no regresaron, y el pueblo de Urrialdo no volvió a conocer la prosperidad que una vez tuvo.
ITINERARIO :
Saldremos de la aldea de Hueto Arriba , por el Gr25 que pronto abandonamos para visitar las ruinas de Urrialdo, que leyendas aparte quedó abandonado a partir de un incendio en 1935 .
Encaramos la subida al monte Undagana y el regreso lo hacemos por el Barranco de la Oca, paso natural de la Llanada hacia el valle de Zuya.
En Martioda de Araba existe un barrio llamado Urrialdo que hace muchos años estaba muy poblado, tenía numerosas casas y era un lugar próspero y rico. Un día, sin embargo, ocurrió algo que angustió y acabó con la alegría de los habitantes de Urrialdo. Una serpiente robó un huevo de gallina y lo empolló. Llegado el momento, el huevo se rompió, y de él salió un basilisco. Tenía el tamaño de un gato, su cabeza parecía la de un gallo con dientes, su cuerpo era de serpiente, tenía unas alas llenas de espinas y su cola era larga y puntiaguda como una lanza.
El basilisco es el animal más terrible que existe, y sus armas son sus ojos y sus dientes. La mirada del basilisco es mortal, hace que las plantas se marquiten, que los árboles se sequen y que los pájaros caigan el pleno vuelo. La única planta capaz de resistir su mirada es la "hierba de gracia" (boskoitza), que cura las heridas causadas por los dientes de basilisco. Y sólo hay dos animales capaces de vencerlo: el gallo y la comadreja. El horrible animal muere al oír el canto de un gallo o cuando una comadreja le da un mordisco. Pero los habitantes de Urrialdo no lo sabían.
El basilisco aparecío un buen día en el pozo, sentado encima de un tronco que flotaba en el agua. Las primeras en verlo fueron dos mujeres que se acercaron a lavar la ropa.
-¿Qué es eso que hay en medio del agua?- pregunto una.
-Pues..., no sé... Yo diría que es un gallo...- respondió la otra.
-¿Un gallo en medio del agua?¿Dónde se ha visto algo igual?
En eso, el basilisco clavó su mirada en ellas, y dos segundos más tarde estaban muertas. El monstruo desaparecío.
Nadie podía explicar aquellas muertes, y el temor empezó a apoderarse de los habitantes de Urrialdo cuando, al día siguiente, apareció un hombre muerto, y luego otro, y otro...
Todas las muertes tenían lugar cerca del pozo, pero nadie había visto nada raro, así que decidieron mandar a un mozo para que vigilase. Aún no había amanecido y el joven se subió a un árbol y esperó, oculto entre las ramas.
Cerca del mediodía, vio un carruaje que se acercaba por el camino del pozo. Los viajeros contemplaban el paisaje y hacían comentarios sobre las casas. En eso, se fijaron en el lago y al instante, emergiendo entre las aguas, apareció el basilisco. Su mirada se clavó en el carruaje y, antes de que el mozo que estaba en el árbol pudiera darse cuenta de lo que ocurría, el vehúculo y sus ocupantes desaparecieron. Martín se quedó con la boca abierta por el asombro, se frotó los ojos creyendo que estaba soñando, miró de nuevo al lago..., pero el basilisco había desaparecido.
Al enterarse de lo ocurrido, todos los habitantes de Urrialdo comenzaron a temblar de miedo. No sabían cómo luchar contra un ser tan poderoso y decidieron marcharse del pueblo, porque lo más importante era seguir vivos. Sólo unos pocos se atrevieron a quedarse allí.
Pero el tiempo pasaba, las casas abandonadas iban cayéndose de viejas y los que habían decidido quedarse eran cada día más pobres, porque tenían miedo a salir u encontrarse con el basilisco, y tampoco se atrevían a utilizar el agua del pozo. Los animaes andaban sueltos, tratando de encontrar comida porque sus dueños ya no se ocupaban de ellos. Cuando se acercaban al pozo para beber, aparecía el basilisco y los mataba con la mirada.
Un día, un viejo gallo al que casi ya no le quedaban plumas, se acercó al pozo. El basilisco aparecío y se lo quedó mirando, pero su mirada nada podía contra el viejo gallo, que también los miró, y así estuvieron durante un buen rato. Creyendo el gallo que aquel otro había ido a quitarle el puesto de jefe en el gallinero, cogió aire, hinchó el pecho y cantó tan fuerte como cuando era joven.
El basilisco se convirtió en estatua de piedra, se rompió en varior cachos y se huníó en el agua.
Nunca más se ha visto un basilisco en la región, pero los habitantes que se habían marchado no regresaron, y el pueblo de Urrialdo no volvió a conocer la prosperidad que una vez tuvo.
ITINERARIO :
Saldremos de la aldea de Hueto Arriba , por el Gr25 que pronto abandonamos para visitar las ruinas de Urrialdo, que leyendas aparte quedó abandonado a partir de un incendio en 1935 .
Encaramos la subida al monte Undagana y el regreso lo hacemos por el Barranco de la Oca, paso natural de la Llanada hacia el valle de Zuya.
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